Cuadro primaveral

Cuidando del jardín nos cuidamos

porque llevamos un jardín dentro.

 

Todo tipo de colores comienzan a crecer

en ese humus que nos hace humanos

de entre los intersticios de un invierno silencioso

repleto de vacío existencial necesario

para descansar los sentidos

para reposar el alma

que ahora despierta con la felicidad

de un bostezo largo y profundo.

 

Colores de flores que surgen de entre

el canto de los pájaros

colman de alegría

el espacio visual y auditivo.

 

Todo comienza a despertar

despacito pero con constancia

del descanso invernal en el que vive el alma en el campo

(si aprendemos a permitírnoslo),

el disfrute de esta sutil intensidad

me lleva fácilmente al borde del llanto.

El olor de la tierra

es nuestro propio olor

y su cultivo

el cultivo de algo que llevamo dentro

y que puede constituir

eso que solamente somos y seremos:

Naturaleza,

Natura,

Belleza.

 

La felicidad de la gata que curiosea

entre los montones de hojas y ramas

que corretea sin descanso

que salta

nace del mismo espacio interior

que la felicidad que yo misma siento,

somos lo mismo expresado de distinta manera.

 

Más silbidos, más cantos, más pájaros

que piden paso hasta mi alma

me sacan del fluir de la escritura por un instante.

Los siento felices, desbordar alegría,

y no os lo váis a creer…

pero parecen contentos de que mi mano izquierda

sujete esta pluma

contentos de este cuadro

de los versos, de las pinceladas,

de verse representados en el papel

de ser protagonistas de la imagen que se forma en la persona que

leyendo este poema

da un paso atrás tomando distancia y

gracias a la evocación

contempla este paisaje  y dibuja una sonrisa.

 

Te lo digo a ti, persona anónima que lees:

hay pájaros que suenan como monos.

Te pregunto a ti:

¿has pensado en la infinita diversidad que llevas dentro?

Recuerda: hubo un tiempo

en el que tú también fuiste arborícola.

 

¿Qué es llegar a ser tan viejo como usted?

– ¿Qué es llegar a ser tan viejo como usted, qué se aprende, qué se hace?

Y la respuesta de Jodorowsky fue la siguiente:

La vejez nos enseña a progresar mirando hacia lo positivo que nos ofrece un corto futuro. Haciéndonos conscientes de que nos queda poco tiempo, nos enseña a transmitir a las nuevas generaciones los conocimientos adquirido. Por eso te estoy respondiendo.

Cuando hemos alcanzado un alto nivel de conciencia, con la vejez y la renuncia a la seducción, desnudamos las amarras que nos ligan al cuerpo, y sin negarlo, sabiendo que es el templo donde hemos habitado tantos años, respetuosos dejamos de considerarlo nuestra identidad. A pesar de habernos programado para vivir una larga vida, por saber que ya estamos cerca del fin somos capaces de captar la hermosura del tiempo que pasa. Cada segundo de vida nos parece un regalo sublime… Como los que sufren una enfermedad terminal, conscientes de que disponemos de un tiempo limitado, nos contentamos con lo que somos, con lo que tenemos. Dejamos de apegarnos a lo superfluo, permitimos que se esfumen las esperanzas y al cesar las esperanzas cesa el miedo. Todo es un obsequio: las pequeñas satisfacciones, los sutiles mensajes de los sentidos, el cariño que nos baña como un bálsamo el corazón, los encuentros amables con otro seres humanos,la capacidad de servir de ayuda a los demás. Cada día es un buen día.

Envejecer no es decaer mentalmente ni convertirse en una ruina. Si nos hemos preocupado de mantener la salud de nuestro cuerpo evitando drogas y alimentos nocivos o tomados en exceso; si nos hemos preocupado de hacer cada día un poco de ejercicio, de meditar un par de minutos diarios, de seguir aprendiendo cosas nuevas, de desarrollar frente a la impermanencia una plácida humildad, conservaremos hasta el último momento la lucidez juvenil, y gracias al estado angélico que nos produce la disminución del deseo sexual, la vejez es una maravillosa etapa de nuestra vida. Quizás la mejor…

Libres de angustias, de ambiciones, de posesiones inútiles, de ilusiones irrealizables, del deseo de ser reconocidos; capaces de amar incluso a quienes nos detestan, de aceptar los ataques y las críticas con simpatía, de ayudar a los otros a liberarse del sufrimiento. Aunque más presentes que nunca sabemos vivir como si ya hubiéramos desaparecido, gozar del supremo placer de crear artísticamente por amor a la obra y no por amor al aplauso, de colaborar en la mutación de la sociedad, de trabajar por un mundo mejor y sobre todo, de encauzar a los jóvenes hacia la liberación de la Conciencia, eliminando las prohibiciones, las órdenes, las ideas estancadas convertidas en prejuicios, los miedos, las creencias sin experiencia, y los demás muros opresores inculcados por la familia, la sociedad, la cultura y la historia.

Yo me siento viejo, me siento bien.

¡Por la revolución interior!

Música reEvolucionaria

Porque la conciencia nunca ha sido plana,
la introspección me reveló una realidad que no esperaba.
Toqué a las puertas de la percepción
y desde la rendija el ego dijo:
“olvídame u olvida la entrada”.

[Dale al play]

Reminiscencias de un pasado gris
al que no me entrego,
lastre que suelto
y alivio el peso de existir.

Del balanceo del ego,
pendiendo en las cuerdas vocales.
Carraspeo y rapeo otro tipo de egotrip.

Desaprendiendo a ser mayor, como en su día
cuando concebía la urbe como arte.
Hoy me hostiga el sinsentido de ser responsable,
ahorrar para olvidar este presente
o recuperarlo.

Miro los cuerpos,
dialogando en los silencios…
metalenguaje,
respeto el movimiento.

Salto hacia atrás mis trampas mentales,
porque ya salté adelante y sólo hallaba más.
Busco puntos de fuga en la ciudad,
tiendo la hamaca en la azotea e imito las gaviotas.

Despido el mundo como Castaneda
en el saco,
subo la cremallera y miro al cielo
como Supertramp.

(Estribillo)
Yo no soy sino cambio y movimiento
Tú otra parte de este círculo perfecto
Él un ejemplo: vida y obra de un maestro.
Nosotros. Vosotros. Ellos.

¿Ellos quiénes son
sino el material de un hombre bueno?
Vosotros proyectáis la élite de la que os quejáis.
Nosotros educados para guardar silencio y replicaros,
confundir la ética y la ley.

(El Punto)
Yo no tengo ego, ¡hey!
Yo tengo varios,
uno por cada fallo.
Bien…
¿Comunicarnos?
Quizás por eso cargo con el peso, ¡va!

Todo es por algo, valgo lo que ofrezco,
O lo que entiendo en ellos,
coloco bien los versos
y el resultado luego
nunca es lo que me espero.

Buscando más fui menos
de lo que abarco en cueros,
juzgándome por celos,
lejos de lo que siento.

Sí, yo todo el rato en todo momento.
¡Yo! porque mi historia se merece el cuento.
¿Cómo la cago, cómo resuelvo?
Tanto he buscado en mí que ni me encuentro.

Me di por muerto un martes,
sufrí por dentro un cáncer,
pero hoy me siento el máster
de nuevo al parecer.

¿De veras soy lo que aparento
o parezco ser?
De fuera yo aún no puedo verlo,
por dentro sé.

(Rase Tapándari)

Porque la conciencia nunca ha sido plana,
la introspección me reveló una realidad que no esperaba.
Toqué a las puertas de la percepción
y desde la rendija el ego dijo:
“olvídame u olvida la entrada”.

Aprendí a amar antes que a perder,
aunque perdí mucho antes de amar,
no logré aprender.

Soy un romántico
poco pragmático,
per se,
y por Lao (Tse) sé
que mi verdad no la oiré de nadie.

Jamás pensé en ser hombre de fe,
pero que más racional que interpretar lo inexplicable,
reducirlo todo a un armonioso aprendizaje
y soltarse, confiar en el cauce:
I´m water my friend.

(Estribillo)

(Sample de Alan Watts)

“Me pregunto qué quieres decir cuando dices “yo”. He estado muchísimo tiempo interesado en este asunto, y he llegado a la conclusión de que lo que la mayoría de las personas civilizadas quieren decir cuando dicen “yo” es una alucinación. Es decir: una sensación falsa de tener una identidad personal. Eso es una barrera total con respecto a las cuestiones de la Naturaleza”

 

¿Educación para el Siglo XXI? Claudio Naranjo en Congreso Futuro 2017

 

Ayer tuve un sueño

Ayer tuve un sueño en el que imaginé. Imaginé que construíamos una humanidad en la que respirar era lo más importante. Una humanidad en la que aprendiéramos a respirar, una humanidad de trabajo intenso, constante pero tranquilo, trabajos que no robasen la tranquilidad, que no llenasen de ansiedad. Una sociedad así aspiraría a la serenidad de sus individuos, al trabajo comunitario, a la conciencia, a la conexión consigo mismos, y lo que es sinónimo, a la conexión con la naturaleza. Sería una sociedad del bienestar. La economía monetaria estaría desligada de las cuestiones fundamentales de la sociedad: la educación, la sanidad, la investigación científica, los servicios sociales, las tareas espirituales: la lectura, la pintura, la música, el autoconocimiento… en esta sociedad no costaría dinero investigar la cura de enfermedades raras. Existirían hospitales pero no con la espectacularidad de los actuales. La sanidad sería preventiva, holística y la máxima meta de cada persona sería cuidar de si mismo, no maltratar su cuerpo, aprender de él: comer sano, hacer deporte, estar tranquilo, cultivar una huerta, respirar profundamente y con conciencia…

En esa sociedad las estructuras serían locales y los recursos serían utilizados con inteligencia, con razón. Habría trabajo para todas las personas porque comprenderíamos que el trabajo es mucho más que acudir a un empleo: es cuidar de los mayores, cuidar el hogar, mantener las infraestructuras, crear música, arte, leer… Una sociedad de placeres pero que no se dejara llevar por el placer. Después pensé que esta sociedad, aunque en menor número, seguiría precisando de personas empleadas en tareas comúnmente entendidas como productivas. Después sentí que con el tiempo (más pronto que tarde) esas gentes, que ni estarían arriba ni estarían abajo sino que trabajarían como todos por una Humanidad, comenzarían sentirse superiores, a sentir que tiene más derechos porque son “productivas”, comenzarían a funcionar como una élite, a pedir para sí de acuerdo al valor que piensan que tienen por la labor que realizan, es decir, comenzarían a mostrar avaricia. Y no solamente esas personas, con el tiempo todo el mundo creería tener más mérito que el de al lado, se olvidarían de respirar y se forzarían por entrar en un mundo de ansiedad con el fin de acaparar más que su vecino, contrataría a personas y les forzarían a dar lo mejor de sí mismas, a entrar er una espiral de estrés y así…

Es decir, esa sociedad volvería a plantarse en el estado en el que está la sociedad actualmente, la humanidad actualmente, porque mientras no se de una transformación profunda de cada ser humano, siempre vamos a encontrar avaricia, ego, apego al mérito y eso nos alejará de la salud, de la tranquilidad, de la Humanidad.

Y así acabó mi sueño.

conciencia

Credo personal – José Luís Sampedro

Creo en la Vida Madre todopoderosa
Creadora de los cielos y de la Tierra.

Creo en el Hombre, su avanzado Hijo
concebido en ardiente evolución,
progresando a pesar de los Pilatos
e inventores de dogmas represores
para oprimir la Vida y sepultarla.

Pero la Vida siempre resucita
y el Hombre sigue en marcha hacia el Mañana.

Creo en los horizontes del espíritu
que es la energía cósmica del mundo.
Creo en la Humanidad siempre ascendente.
Creo en la vida perdurable. Amén.

José Luis Sampedro

Escuchado en El bosque habitado, programa que recomiendo si quieres reverdecer tu corazón, tu alma.