Ubuntu: si ganan todxs, gano yo

Texto escrito para la revista Korpo Bladet, revista mensual, local, humilde y con bonitos objetivos de la cual me encargo de contenido y de diseño.

 

Pronto voy a ser papá y lo estoy viviendo inmerso en una felicidad tranquila, como una sonrisa permanente sin grandes emociones, con mucha ilusión, tratando de que todos los preparativos que rodean a la venida del primer bebé a la casa no me roben la tranquilidad mental que poco a poco, a lo largo de años de práctica, he ido consiguiendo. En esta situación tan especial de vez en cuando y como de la nada, me vienen reflexiones y pensamientos que me gustaría compartir en este texto con vosotros, gentes de Korpo.

Al enterarse de la noticia, muchas personas se han acercado a mí para felicitarme y mostrar su alegría, me siento muy agradecido por ello y por ello quisiera usar ese espacio para dar las gracias a todos y cada uno de vosotros. Una persona en concreto me dijo algo que me encantó, “estoy segura de que vas a ser un gran papá”. Cuando pasen 30 años me encantaría mirar para atrás, a este momento, y poder pensar que efectivamente, que he sido un buen padre, este es un sueño que tengo, pero ahora mismo nadie puede saberlo, sin embargo, la esperanza escondida detrás de esas palabras me hizo sentir muy bien.

Después de esta conversación, mientras avanzaba en mi bici hacia casa bajo las estrellas, me dio por reflexionar y llegué a la conclusión de que la educación de un niño no depende solamente de su padre y de su madre, sino que es una cuestión en la que, en realidad, toda la comunidad está inmersa. Entonces cobró sentido ese proverbio africano que había escuchado en algún momento de mi vida y que dice que “para criar a un niño hace falta una tribu entera”, y vosotros, gentes de Korpo, sois esa tribu.

Un bebé recién nacido está en constante relación con otras personas más allá de mamá y papá: la familia cercana y amigos interactúan constantemente con él, y su forma de hablar, de comunicarse, de actuar y comportarse quedan inmediatamente grabadas en un cerebro que en esos momentos (y durante algunos años más) es como una esponja. Todos hemos visto un bebé con los ojos bien abiertos observando todo lo que pasa a su alrededor, lo que no necesita abrir son las orejas, que están constantemente registrando cada sonido en el que se encuentra inmerso este nuevo ser. Cuanto más tiempo pasa, más amplio se hace ese círculo de personas que establecen contacto con el niño, personas de las que observar y de las que aprender. Desde la gente que nos encontramos cuando vamos al supermercado, hasta los trabajadores de la guardería, los demás niños y sus creencias, sus padres y sus problemas… todo va moldeando y dando forma a las personas en un proceso que en psicología se llama “socialización” (socialisation på Svenska) y que hace que adquiramos a base de observación e interactuación aquello que llamamos cultura, pero también personalidad.

Así, la comunidad en la que este nuevo ser se desarrolla se convierte en un elemento importantísimo en su crianza y en su educación, y está bien pararse a reflexionar un momento en los valores que vamos a transmitir, no solo a mi hijo, sino a todos los demás que están por venir y esos que ya están entre nosotros. A mí me gustaría ver una nueva generación educada en cuestiones como la concordia, el respeto, la comprensión, la empatía, el conocimiento, el cuidado de sí mismos y de las demás personas, el cultivo de relaciones sociales pacíficas y no conflictivas, el amor por la naturaleza, el amor por las personas mayores, el amor por los animales y las plantas, el respeto al medio ambiente, el gasto racional de los recursos, el respeto por el cuerpo a través de una nutrición equilibrada y la práctica de deporte, caminatas por el bosque… Uno de mis sueños más profundos es el de ver a nuestro hijo desarrollarse en una comunidad en paz, consciente, respetuosa con las diferencias, que ayude a cada persona a cultivar sus talentos, una sociedad que entienda que la generación que ahora nace son los futuros habitantes de este lugar tan especial, y que, si nosotros no respetamos estas tierras, este mar, estos bosques, ellos tampoco lo van a respetar. Tenemos la oportunidad y la responsabilidad de crear un futuro brillante, luminoso y lleno de vida para las generaciones.

Kahlil Gibran escribió en su obra El profeta que a los hijos uno puede darle todo su amor, pero no sus pensamientos, ya que ellos tienen sus propios pensamientos. Son palabras sabias estas que resuenan con fuerza en mi interior, todavía no he sido padre por lo que no puedo saber si voy a ser un buen padre, pero sí que soy hijo y llevo bastantes años reflexionando sobre la relación entre padres e hijos, y si algo tengo claro es que no quiero que mi hijo herede las frustraciones que yo pueda llevar dentro, ni mis conflictos con otras personas, y con este fin en mente, mi deber es buscar las frustraciones dentro de mí y liberarme de ellas, agradecer cada día todo lo que la vida me ofrece y tratar de no vivir conflictivamente con las personas de mi entorno en la medida de lo posible. Si de algo me he dado cuenta en estos años es de que la gran mayoría de los conflictos humanos son innecesarios, se crean por una comunicación ineficiente y generan muchísimo malestar a las personas. A mi hijo trataré de inculcarle que lo primero es conocerse, respetarse, y quererse a sí mismo. Trataré de hacerle ver que cada acto que llevamos a cabo tiene consecuencias, y que solamente tratando de ver de antemano las consecuencias de cada acto podemos llegar a ser verdaderamente personas responsables con nuestras propias vidas.

No me cansaré de hacerle tratar de entender el valor de ayudar a construir comunidades en las que la ayuda y la solidaridad sean valores esenciales, en las que sentirse protegido, entendido, apoyado, respetado y creciendo humanamente junto a personas a las que escucha y respeta. No me cansaré de tratar de hacerle entender que el egoísmo no lleva a ninguna parte, y que solamente asegurándose de llevar a cabo acciones en las que todo el mundo gana, uno mismo sale victorioso, porque el bien de todos es el bien de uno mismo. Esto dice la filosofía Ubuntu, presente en la etnia sudafricana en la que, por ejemplo, creció Nelson Mandela. Trataré de que ame el conocimiento, el autoconocimiento, que busque el amor, la creatividad, el compartir, la calma, el trabajo duro, la alegría. Trataré de que no se tome las cosas de manera personal, de que huya de la violencia, de que ame la música, la poesía, la literatura, la pintura, la fotografía… de que ame todo aquello que le sirva a él y a otras personas para expresar el alma propia, los sueños, los deseos, los recuerdos, las visiones, la imaginación. Trataré de que no busque la felicidad a través de la acumulación de objetos, que busque la sencillez, la originalidad, la solidaridad. Trataré de que busque formar parte de procesos hacia la libertad, de que ame el bosque, fuente de toda vida y belleza, que conozca el mar y sus habitantes, de que sepa navegar, montar una tienda de campaña y dormir en la naturaleza, encender una hoguera con cuidado y respeto… de que trate de ser el mejor ser humano que pueda ser. Ahora mismo comienza un viaje fascinante y todos vosotros estáis en él. Gracias por ayudarme a criar a nuestro hijo en positivo.

Ofendidos y liberados... ¡a mí!

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