Elogio de las sombras, Borges

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

 

Un día cualquiera, ojeando libros de segunda mano en La casa de atrás, en Bilbao, me encontré con la Obra poética de Borges. Había leído Ficciones, El Aleph e Historia de la infamia anteriormente y se había posicionado, con diferencia, como mi escritor favorito. Hay un segundo puesto reservado, quizás, para Bryce Echenique, pero no creo que haya un tercero en discordia de favoritos, para mí es Borges y ya está. Sin embargo, lo que había leído antes de su poesía en internet, no me había atraído mucho. Sin embargo, pasando las páginas, me crucé con este poema. Los primeros cuatro versos me emocionaron tanto, me hicieron sentirme tan… identificado con el proceso que, dentro de mí, recién comienza, que decidí comprarlo. ¡Y vaya compra! Sumergirte en la obra poética de Borges es como bucear entre mundos de infinitos matices (como deben serlo todos los mundos), de infinita sorpresa e infinita alegría. Le recomiendo a cualquier persona ese placer.

Ofendidos y liberados... ¡a mí!

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