Un ensayo sobre la elocuencia corporal

Me he sentido muy feliz al volver a escuchar los pájaros. 

Me he sentido muy feliz al volver a escuchar los pájaros. La elocuencia del cuerpo es limitada, poco concreta… ¿cómo iba a transmitirme en una idea que lo que me hacía falta era el color verde intenso?, las formas de las copas de los árboles recortando un cielo de nubes que pasan, un espacio abierto para mirar hacia arriba y observarlas…

No es muy específica esa elocuencia, pero se comunica a través de los momentos y se necesita de sensibilidad, de una intuición educada con calma, tiempo y conocimiento, para saber apreciar su idioma.

En estos días de tanta desconexión conmigo misma, de  tanto cambio, de trasplantarme desde el bosque en Finlandia a la ciudad en España, viví un momento dulce del que solamente soy consciente ahora y a través de la marca emocional que este dejó en mí. Como solemos hacer cada vez que nos juntamos mi amigo Rodolfo y yo dimo un largo paseo. Recuerdo (y recordar etimológicamente significa volver a pasar por el corazón…) un momento especialmente dulce, me sentí profundamente tranquila el rato que tardamos en atravesar el parque de la Florida en Vitoria.

No es mucha información, es verdad, sobre todo si no te han enseñado a escucharla, si no has aprendido los códigos para captarla, si no has tenido tranquilidad para todo ello o si momentáneamente (como me pasaba a mí) te encuentras “fuera de ti misma”. Sin embargo ahora, sentado en los Jardines del palacio de Pedralbes, tratando de escapar de la suciedad de la Diagonal (en forma de ruido y estrés), el recuerdo me enciende aquél faro que, sumado al de este momento de armonía, comienzan a vislumbrar una imagen muy clara dentro de mi ser. Luces en la penumbra que, de saber verlas y seguirlas, de saber fluir hacia su mensaje, pueden evitar un colapso contra las rocas y llevarme a tierra firme.

El cuerpo es limitado en elocuencia, es verdad, pero tiene sus formas de hacer surgir en nosotros mensajes escuetos y sin embargo mucho más efectivos que cualquier intento de comunicación lingüística interhumana. Sin embargo estamos acostumbrados a no escuchar, a la incontinencia verbal, a no mirar para adentro, a hablar sin decir nada, a no parar de pensar, a buscar una intranquilidad interior proyectada hacia el exterior que nos ofrece la ilusión de estar comunicándonos cuando nos desconecta de los demás y, “a mes a mes”, de nosotros mismas.

“Tratando de escapar de la suciedad dela Diagonal conformada por ruido y estrés” decía… he aquí otro mensaje surgido en mi cuerpo que fácilmente podía haber pasado por alto en este torrente de palabras.

Y así…

cielo nubes naturaleza elocuencia

Escucha… observa… siente: https://www.youtube.com/watch?v=hM7tWLp2Rlg

Ofendidos y liberados... ¡a mí!

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