El arte

Cuando vivía en Ekenäs Tammisaari, Finlandia, me preguntaban con frecuencia, normalmente en una galería de “arte”, si era artista. Hola, ¿cómo te llamas?, Aarón, ¿eres artista?

A esa pregunta yo no sabía que responder, es más, la mayoría de las veces respondí que no lo sabía, que no sabía si era artista. Según lo siento, muchas personas lo tomaron como acto de soberbia. Si no piensas como los que no piensan te señalan, escribió El Roto en la parte superior de una viñeta demoledora en la que aparece sentada una señora de lo más normal.

Al tiempo se lo comenté a una persona amiga que vive en Finlandia pero que es de Cádiz. No sé que responder cuándo toda esa gente me pregunta si soy artista, me parece una pregunta absurda. Debe ser que tienes una idea muy elevada del arte y de los artistas me respondió.

Hasta ahora voy pensando que esto no era así, que sencillamente la palabra artista no me dice nada de la persona al igual que las palabras albañil, o pintor de brocha gorda, no me dicen nada de muchas otras que se han cruzado en mi vida. En este momento me acuerdo de Julio en Mahón o de Galin el búlgaro por ejemplo.

Pensaba que ser artista no definía a la persona. Pensé que designar a una persona como artista, o como no artista, me haría quedarme muchas veces en la superficialidad de su carácter. En este momento pienso en el payés del mercado del Claustro del Carmen, el cual me vende verduras y me habla de política con un conocimiento y una profundidad de análisis asombrosa.

Extendiendo el pensamiento anterior, pensé que las personas que preguntaban a otras si eran artistas tenían la intención de quedarse en la superficialidad. En este momento pienso en Krishnamurti, al cual en una entrevista le preguntan “quién eres tú”, “who are you?”. El apunta que responder esa pregunta no vale para nada. Que recibir una respuesta a esta es como leer el menú en la ventana del restaurante y no pasar a probar la comida con los sentidos propios. En este momento me acuerdo de Jan Jämsen que nunca me preguntó si era artista y pasó infinidad tiempo conmigo, descubriendo yo con el tiempo que él era uno de los más grandes artistas, amigos y maestros en cuya órbita he pasado algún tiempo.

Hace poco le dije a alguien que no sabía si era poeta. Esa persona me respondió que debía serlo si escribía poesía. Tuve que aceptar tamaña evidencia, pero no me quedé tranquilo. Más tarde tuve este pensamiento: pensé que no era poeta porque todavía la poesía no era el impulso que movía mi vida.

Debe ser esta una visión romántica. Incluso irreal. Porque ante la incapacidad de meterme en las cabezas y en los cuerpos de Nicanor, de Whitman, de Dikinson, de Tristan, de Karmelo, de Gil de Biedma, de Alex Bravo, de Lorine, no podía saber si esto era cierto, no podría saber si el combustible de toda esta gente era la poesía o una mezcla de lo más bastarda de elementos como el barro, la tierra, el amor, el sexo, el conocimiento, la amistad, el cariño, la empatía, la necesidad…

Si me digo entonces: ¡sí, soy artista!, inmediatamente me pregunto, ¿y quién no lo es? En estos momentos pienso en Borges, el que hace a uno de sus personajes expresar este pensamiento que quizás fuera propio:
“Le parecía que la buena literatura
es harto común
y que apenas hay diálogo callejero
que no la logre”

Hace tiempo que no busco la respuesta, me conformo con seguir absorbiendo más preguntas.

Tengo mucho arte sobrevalorado en mi interior

el arte difuso

Ofendidos y liberados... ¡a mí!

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