Un año -1/Noviembre/2012- Low cost

Low cost

Nos creíamos beneficiarios del low cost
y no éramos más que otras víctimas.

Beneficiados de prendas baratas,
de llenar la despensa y comer por muy poco,
de autos a precios populares,
¡uno para cada miembro de la familia!
de televisores tan asequibles
como para cambiarlo una vez cada tres años.
Beneficiarios de un low cost
cada vez más profundo
que daba alcance a más y más productos y servicios.

Y sin darnos cuenta
(a pesar de que era una condición necesaria),
a base de low cost
conseguimos sueldos de mierda para nosotros
y sueldos MUY mierdas para ellos,
cosas que se rompían al poco de comprarlo
o al poco de agotar la garantía.
Pagamos con el estado del bienestar como moneda.
Obtuvimos deslocalización
y carnes y verduras de mierda
obtenidas en condiciones vergonzosas.
Obtuvimos una costumbre al consumismo desenfrenado
que ahora nos va a costar sudor y sangre
deshacernos de ella,
a pesar de que ya no tenemos dinero para consumir
porque no tenemos trabajo,
porque ya no tenemos factorías
ni el control de nuestras propias finanzas.
Y será ahora,
que los productos caducan y queramos reemplazarlos
cuando no tengamos la posibilidad de hacerlo.

Toca volver a lo de antes,
y ya lo estamos empezando a hacer a fuerza de palos.
Toca volver al Know Cost
(o conoce el coste)
a saber cuánto valen las cosas de verdad.
A entender que hay más precio
que aquél valor monetario.
A gastar más en comida que nos reporte salud,
y menos en ordenadores y móviles y
aparatos de última tecnología.
A saber de dónde y bajo qué condiciones
viene la carne que nos alimenta,
a ser conscientes de que hay esclavos fabricando
nuestras baratisimas prendas.
A volver al reutilizar,
a las herramientas buenas,
a los tomates caros y en su temporada,
a la artesanía,
a acudir a esa artesana que
con una gran acumulación de conocimientos
y mucho esfuerzo
crea con sus manos
productos de calidad,
productos duraderos,
con los que da de comer a sus hijos
que son nuestros vecinos.
Hay que volver a la autogestión,
al huertecito que nos da de comer
alimentos ricos y saludables.

¡Basta ya!

Vimos lo que había allí,
lo vivimos intensamente,
no pagamos el precio en dinero
y ahora pagamos un alto coste social,
¿vamos a hacer algo?

Ofendidos y liberados... ¡a mí!

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