Un año

Un año.

Un año de un proyecto que ha sufrido una mutación tremenda desde que el 17 de Julio del año pasado decidiéramos abrir un canal para desahogarnos por medio del insulto dirigido a unos políticos que cada vez nos dejan menos aire para respirar libertad y más motivos para alzar la voz. Con el tiempo nos dimos cuenta de lo aburrido que era el insulto y dirigimos nuestras fuerzas a afilar la crítica y acicalar sus plumas, para que penetrase más y fuera mejor dirigida.

Un año por el que han pasado más de 12.000 pares de ojos, cifra que no nos hincha el ego con el orgullo de poder compararla con los números otros proyectos de carácter artísticos y/o informativo, sino que nos satisface por poder unirla al montón de visitas de las diversas iniciativas críticas que han surgido en estos momentos de lucha y necesidad de unión y comunidad. Nos satisface ser ese grano que no hace granero pero que ayuda al compañero. Nos satisface ser, en primer lugar, solamente “una iniciativa más” generadora de conciencia a las que sumar nuestras fuerzas, porque eso significa que han nacido otras muchas con las que nos sentimos identificados en el sentido de que intentan construir un mundo mejor significado en una mayor conciencia de la población hacia procesos sociales de los que hemos dejado que nos desconecten, a saber: la política, el consumo, los derechos alimenticios, la búsqueda de los derechos laborales universales, la defensa del más débil, el destape de las trampas sociales, la objetivación del control social, la denuncia de los intereses ocultos de las grandes empresas y gobiernos, y un largo etcétera.

Un año en el que no solamente hemos ofrecido alimento para aquellos cerebros y corazones con las fauces abiertas, voraces de conocimiento y descubrimiento, sino en el que además hemos crecido primero como personas, como artistas después, y como poetas que ponemos la mirada en las desigualdades con la visión de una persona de barrio.

Un año en el que el apoyo moral de ciertas personas ha sido esencial, pero en el que sobretodo ha sido fundamental darnos cuenta de la fuerza con la que nos movía a escribir el ser consciente de realidades, muchas veces ocultas, que hacen la vida más miserable a miles de personas cuyas vidas son tan dignas como la de cualquiera de los que nos beneficiamos con su sufrimiento. La fuerza vital que nos ha movido a escribir es la empatía por el sufrimiento ajeno y el descubrimiento de las miserias propias, y desgraciadamente hemos tenido mucha más materia prima de la que nuestros cuerpos podían catalizar. Por ello, después de unos meses de verano en el que comenzaremos a poner boyas llamativas a poemas para indicar que creemos que pueden seguir generando conciencia crítica, seguiremos rastreando la realidad para buscar y marcar sus puntos más obscuros.

Pero ocurre que cuando un@ se inmiscuye en este tipo de proyectos y que, por tanto, está tan atento a los problemas mundiales, sociales y personales, puede acabar teniendo una visión pesimista del mundo que no se corresponde nada con la que anida nuestras mentes: si escribimos para cambiar el mundo es porque claramente creemos en un mundo mejor. Y ese “mundo mejor” no es una utopía referida a ideales de belleza y filosóficos sobre la condición humana. Ese mundo mejor que habita nuestras mentes está alimentado por experiencias del día  a día que nos hacen descubrir que el mundo está plagado de gente buena e historias maravillosas a la par que habituales  y sencillas, honestas y humildes; momentos de amistad, momentos de amor, momentos de trabajo en grupo y de unión de fuerzas, momentos de compartir ideas con personas que uno no conoce y le enriquecen, momentos de ayuda, momentos de contar con la mano de otras personas, momentos reveladores, personas que te enseñan sus conocimientos a cambio de nada, que redescubren lo que hace tiempo que se sabía y estamos perdiendo, comidas compartida, arte regalado para aumentar la fertilidad del alma, lecturas, momentos, inciativas, búsquedas, encuentros, ideas, canciones, poemas, miradas, personas buenas, oportunidades, revistas, cuadros, canciones, risas incontenidas… Porque como hemos venido defendiendo en este blog:

“Lo más revolucionario hoy en día es conservar la alegría”

que escribiera Mario Benedetti.

 

Un sincero “hasta luego”, la más grande de las sonrisas, un “ocupad vuestro tiempo libre en disfrutar pero también en informarse”, y un par de enlaces:

Índice de improperios. De aquí iremos rescatando los poemas que más nos han gustado este año.

Donaciones (no pedimos dinero, pedimos libros)

 

 

 

Ofendidos y liberados... ¡a mí!

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