No hay moral en el capitalismo

Padres, madres,
tíos, hermanos,
amigos de suficiente edad
escuchad nuestras preguntas,
haced oídos de nuestros lamentos,
sentémonos en torno al fuego
y tratad de respondernos
a esta duda que anida en nuestros corazones de niño.

Y así lo hacen,
todos se sientan.

¿Por qué el aire
que debería venir puro de las profundidades de la selva
huele fuerte y hace daño?
¿por qué cuando juego y caigo
mi cuerpo va a dar contra un suelo
que huele a corrupción?
¿por qué el río mata a nuestros amigos
a nuestros hermanos?

El rio está enfermo hijos nuestros

¿Y qué tiene el río padres?

El río sufre de capitalismo,
el aire sufre los dividendos,
los árboles sufren de progreso.

Extrañas enfermedades son esas madres,
no se pueden encontrar en nuestras leyendas.

El río, el aire, la tierra, la selva
sufren de una enfermedad contemporánea

¿Y qué los hizo enfermar?

Vinieron hombres del cielo
salieron de dentro de pájaros de hierro
haciendo ruidos mil veces mayores
que los de la corriente cuando viene brava.
Nos escondimos.
Cuando sacamos el valor de volver
ya se habían llevado los árboles.
Hablaban lengua rara,
también hablaron el idioma se la soberbia:
nos dieron platos de comida
y nos empujaban para que nos apartásemos.
Se comenzaron a escuchar ruidos atronadores,
violaban a la pacha mama
por un agujero que un palo gris brillante
iba haciendo en sus entrañas.
Tras tres días y tres noches de profanación
la madre tierra lloró
proyectando un río de lágrimas negras que todo lo impregnó.
La mancha negra que comenzó a acechar
entre los arbustos, entre las ramas más bajas,
no era ya la del noble jaguar
era la del perverso petróleo
que no mata por instinto, por necesidad,
sino para alimentar estómagos ya hinchados.

¿Y qué pasó después?

Pacha mama siguió llorando,
lloró su llanto negro por los agujeros de las violaciones
en las noches y los días, por las estaciones
de toda una generación.
Entendimos que venían buscando
el sollozo de la gran madre
pero no todo lo pudieron retener.
Sus lágrimas impregnaron la tierra que tocaron,
las aguas a las que llegaron,
como para humillarla
quemaban parte del flujo
y el aire dejó de oler a árbol
para pasar a quemar nuestros pulmones.

¡Qué personas más malvadas!

Les perdonamos.
Ellos no querían destrozar nuestro hogar,
no querían echar a perder nuestro medio de vida,
no querían dañar a pacha mama,
más bien no les importaba hacer todo esto,
eran inconscientes,
vinieron con avaricia, el peor de los estados del alma,
y la avaricia los corrompió,
la avaricia les cegó los ojos,
la avaricia no les dejó ver los resultados de sus actos,
ni a nuestros peores enemigos les deseamos
que pasen por un minuto el trance de la avaricia
pues convierte al ser humano, al animal, en una máquina.

¿Es cierto, entonces,
lo que se cuenta?

¿De qué habláis hijos nuestros?

De que la selva nos daba qué comer,
nos ofrecía medicinas.

Así es.

De que el río nos calmaba la sed con sus limpias aguas.

Así es.

Y que al echar un palo afilado a las aguas
uno podía sacar de la corriente peces para alimentarse.

Así es.

Que los niños y los mayores podían divertirse
en ese lugar que ahora es negro
chapoteando y jugando hasta la noche.

Así es.

Y, decidnos sin taparnos la verdad
¿podremos algún día volver a eso?

Hace tiempo comenzamos una batalla.
Nuestros abogados pobres
lucharon con cientos de abogados ricos.
Nuestros pocos recursos monetarios
se enfrentaron a incontables recursos económicos.
Nuestros ojos vigilaron día y noche
para que los jueces no pudieran ser corrompidos
como lo fue la tierra.
Bloquearon nuestros intentos,
sobornaron prensa y política
y nos trataron de criminales.
Pero con el esfuerzo de todos
-menos de los que ya no están-
ganamos la contienda.
Ahora nos dan dinero
y no lo queremos para nosotros,
es momento de curar a pacha mama,
de arreglar lo que ellos vinieron a estropear,
de restaurar nuestro entorno
de que los niños dejen de tener miedo,
de volver a atisbar la sombra del jaguar,
de limpiar una a una cada brizna de hierba,
de limpiar uno a uno cada litro de agua,
de respirar los vapores de las flores
y no del líquido que alimenta los motores.

¿Entonces, sí volvemos a sanar a la madre tierra
y sus lágrimas vuelven a ser cristalinas
el río dejará de matar a nuestros hermanos?

Así es.

Pongámonos a ello cuanto antes entonces.

Ξ Ξ Ξ

Gracias a Diagonal por publicar noticias sobre estos temas: http://www.diagonalperiodico.net/global/30000-indigenas-y-campesinos-hicieron-lo-imposible.html

Ofendidos y liberados... ¡a mí!

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