Metáforas

Muy chavalco era Nicanor Parra cuando le declaró la guerra a la metáfora y la desterró de su  todavía tierna poesía. Nosotros no seguimos todo lo que dijo o hizo el maestro antipoeta al pie de la letra, pero si estamos de acuerdo en muchas de las ideas que derrochó sobre poesía, en muchas mini revoluciones poéticas que él comenzó. Nuestros escritos siempre tratan de estar libres de este recurso que si bien es útil para otros y no lo criticamos, creemos que no nos sirve por ser sombra más que claridad, laberinto intelectual al que pocos pueden llegar en la mayoría de sus expresiones.

Hoy se va a publicar en este blog por primera vez un texto en prosa. Y justamente nace en una metáfora que me inspiró una fotografía que yo mismo o yo misma tomé; es una metáfora limpia, es una metáfora clara y es una metáfora que clama por la igualdad, así que hemos decidido darle paso. Eso sí, por mucho que la intentara poetizar me sentí incapaz, debe ser un freno emocional que me impide manchar con complejidad los versos. Aunque quizás aquí no se necesite más que imágenes para hacer poesía.

Ahí va.

Esa rojita tan linda llamada “La Maja” es la bicicleta cuyas lineas me atraparon en una asociación en la que se encargan de reparar las estropeadas que llegan a sus manos y darles una nueva oportunidad de cumplir su destino. Me hice amiga de ella al poco de llegar al lugar de mi destierro voluntario porque cuando sentí en ese país de todos los demonios no se puede estar del mal olor. Uno de los pocos extranjeros en este pequeño lugar de Finlandia (sí, tengo mucho miedo del frío que voy a pasar, pero ya se han encargado de repetírmelo decenas de bocas desde que me vine aquí, así que ni se os ocurra comentar nada al respecto).

Al llegar a una cafetería el otro día aparqué entre las bicicletas compañeras de algunos nacionales. Entré, escribí un poema que ya habéis leído y al salir de nuevo con la cabeza llena de palabras y sensibilidades, me fijé en que mi rojita se hallaba entre tres preciosas azulonas que hacían de la composición una escena preciosérrima como diría el crudo. Me decidí a fotografiarlas en su esplendor  pero no tenía cámara. La odisea que vino después no es digna de contar -quizás sí pero no me apetece-, pero el caso es que volví a los pocos minutos con una y las tres azules todavía estaban allí sonrientes esperando a ser retratadas. Puse la mía en la posición original, me dispuse a apretar el disparador, esperé a que miraran a la cámara y ‘click’, allí estaban, inmortalizadas en la memoria.

Al volver a casa y reproducirla en la pantalla fue cuando me vino la metáfora a la cabeza. Fíjense bien. La casualidad hizo que las tres bicicletas azules fueran de nacionales y la roja de un extranjero. ¿No es como la vida misma? Todos somos iguales, todos tenemos las mismas funciones vitales, pero la mía es de distinto color y se ve rara entre ellas, o exótica, o especial, pero sobre todo diferente. Aún así el color no nos hace diferentes, todas tienen una utilidad y la cumplen igual de bien indiferentemente de su gama cromática. Como decía, ¿no es cómo la vida misma?

Ojalá una imagen pueda hacerle aunque sea a una única persona reflexionar sobre la inmigración. Si no esta actualización y romper la línea poética de este blog, no habrán servido para nada.

Toma 2:

Ofendidos y liberados... ¡a mí!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s